En los últimos años hemos visto cómo la cuestión de la inclusión de género crecía en la esfera pública. Tanto es así, que países como Canadá y Australia, por ejemplo, dan a sus ciudadanos la libre elección de género en sus documentos de identificación (incluyendo una opción neutral). La universalidad de esta cuestión ha irrumpido a su vez en todos los sectores de actividad de la esfera privada, aterrizando también en la industria de la investigación de mercados.

La investigación actual en ciencias sociales, las cuestiones públicas vinculadas a la discriminación de género, la creciente conciencia de la igualdad y los movimientos en todo el mundo aclaran que categorizar a los seres humanos en dos opciones es anticuado y éticamente incorrecto. Además, considerando el propósito de la encuesta, los análisis pueden ser mucho más precisos si los datos demográficos pueden segmentarse en más de dos categorías. Pero ¿deberíamos ampliar el espectro de género en todos nuestros estudios? El debate está servido.

¿Cómo podemos abordar el género en nuestras encuestas? Puesto que la normativa legal parece caminar en la dirección de incluir un lenguaje más inclusivo, teóricamente no existiría ningún problema legal en agregar la casilla “otra” en la cuestión de género. Sin embargo, debemos tener presente que se están procesando datos confidenciales personales y hay que cumplir la normativa legal al respecto.

Por otro lado, los estudios han demostrado que en realidad un número reducido de personas estarían dispuestas a seleccionar la opción de ‘otro género’ en sus documentos identificativos y las encuestas que respondan, un hecho que restaría fiabilidad a nuestras investigaciones y estudios. Es, por tanto, una decisión opcional para las empresas dedicadas al ámbito de la investigación, la inclusión de más categorías de género en sus estudios. Si se decide hacerlo, el investigador debe asegurarse de no ofender al encuestado y ser también respetuoso al formular sus preguntas.

Para tomar la decisión más correcta, se pueden responder las siguientes cuestiones:

  • ¿Existe la necesidad de hacer esa pregunta?
  • ¿Debo preguntar sobre sexo, género u orientación sexual?
  • ¿Cómo puedo formular mi pregunta?
  • ¿Hacer la pregunta proporciona algún valor comercial?

Resulta importante tener una justificación sobre por qué se hace una pregunta de género en una encuesta:

  • Se debe tener en cuenta la privacidad y la comodidad del encuestado sobre cualquier otra cosa.
  • Hay que proteger la seguridad de los datos.
  • Los datos personales deben ser anónimos.
  • Resulta positivo incluir preguntas abiertas que den la oportunidad al encuestado de explicar quién es, con la suficiente libertad necesaria.
  • Todas las preguntas de género deben ser opcionales.

A modo de conclusión podemos decir que el debate sobre la inclusión de género en los estudios está lejos de terminar y la industria de la investigación social tiene aún mucho camino por recorrer hasta definir cómo serán los estudios del mañana. ¡Seguimos avanzando!